La mariposa blanca

En “La Mariposa Blanca”, José Luis Paniagua, un científico, escritor, deportista y gran amigo (Grandes amigos él y su esposa María), nos introduce, siguiendo los pasos de la dulce y bella Tania, personaje central del libro, en una saga fantástica, la de “La Mariposa Blanca”, flor emblemática del Caribe que da título al libro. Solo al final de su lectura alcanzaremos a comprender por qué.

Al recorrer sus páginas nos hallamos en presencia de los personajes, sus problemas, sus vivencias, sus pasiones y los escenarios en los que se mueven. Las imágenes que los describen no solo son brillantes sino sugestivas al máximo hasta en los más mínimos detalles (Como la descripción de una pequeña “chancha” correteando en un patio…). Lo son en el sentido novelístico y en el histórico.

Aquí, en esta tercera entrega de una trilogía que comienza con “La Casa de los Cristales”, sigue con “Allende los Mares”, galopan (¡Se trata mucho de caballos en el libro!) los jinetes del destino de dos familias, que ya conocemos por los libros anteriores: los Merlo de la Calzada y los Mejía Corredor, enemigas y también aliadas, de dos pueblos, el español y el cubano, dos dinastías: la carlista y la llamada liberal, dos historias en el sentido más inmediato y, a la vez, científico del término, la épica y la íntima de los personajes.

Esta dualidad en nada confunde al lector sino todo lo contrario. A la vez que se apasiona por sus héroes, cuyas personalidades son tan bien perfiladas, aun con sus rasgos contradictorios (Como el propio hijo de Tania), se rememora o aprende el acontecer, los “aconteceres” históricos. Por ejemplo, por el tratamiento que da, muy justo e inteligente, a la historia carlista, sus motivaciones y sus gestas, tan desconocidas, aprende, el lector, como afecta a la vida de los pueblos, a su imaginario colectivo. También están muy presentes en la reseña la geografía, los paisajes con su peculiar originalidad y belleza, tanto los de Cuba como los de la España del sur. Y, en fin, se nos aparece este “sub-mundo” nutrido de las poesías, músicas y leyendas que habitan la mente de los pueblos, influyen tanto en ella, explican sus pasiones y hábitos y sin el cual es imposible conocerlos. En este sentido, la descripción del curandero cubano es más que lograda.

Pero lo más notable de esta fascinante inmersión, los auténticos “personajes”, en su gesta encontrada, son el fatalismo, que, de algún modo, condena al ser humano por nacer donde nace, por llevar los genes que lleva, por el mismo sol que alumbra su nacimiento (Hasta la misma belleza, como la de Tania, puede ser una maldición) y la libertad. Libertad del ser humano con tintes cristianos y de “las luces”, el gran señuelo del siglo ( No solo de este pero más patente en él) para, justamente enfrentarse a su destino personal y colectivo, romper con las maldiciones, fuesen la familiar, la sexista, la racista o la maldición colonial por parte de los pueblos que mal o bien quieren asumir su identidad.

Por esto la mariposa blanca es emblemática. Esta sencilla y bellísima flor, en las manos de Patricia, otro personaje interesante del libro, marca el triunfo de la lucidez sobre lo instintivo, del amor sobre la traición, de la belleza sobre el tenebrismo, a fin de cuentas, el triunfo de la verdad.


Princesa María Teresa de Borbón Parma

Doctora en Ciencias Ibéricas por la Universidad de la Sorbona de París y en Sociología Política por la Universidad Complutense de Madrid

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