La casa de los cristales

“José Luis Paniagua Tébar es un intelectual de corte renacentista. En ningún período de la Historia de Occidente se ha cumplido tanto el adagio, aforismo o chreía terenciano de “Homo sum et nihil humani a me alienum puto” ( Heautontimoroúmenos ) como en el Renacimiento, nombre con que Burckhardt, en 1860, bautizó a esa época en el que el espíritu humano ( europeo ) voló “casi” tan alto como en el Mundo Clásico. Efectivamente José Luis Paniagua es un hombre de ciencia interesado por todo ( polihístor, polimático ) que escribe libros de humanidades y magníficas novelas costumbristas o de época sobre un marcado fondo histórico. Su última novela con que disfrutamos, “La Casa de los Cristales”, Ediciones Librería Argentina, 2011, es básicamente histórica, y en ella, teniendo todas las guerras carlistas y sus viejos antecedentes ( el carlismo es una idea política muy anterior a Carlos Isidro ), de la primera a la última (¿la última?), como el eje diacrónico narrativo, intenta encontrar y, con ello, hacer una hermenéutica brillantemente literaria, de “las dos Españas” que nos explican y cuya exacta comprensión podría ofrecer una paz interior o, por lo menos, dejarnos en una desazón cuya fuente conocemos. Dos familias, los Merlo de la Calzada ( prudentes, austeros, justos, hidalgos, razonables, solidarios, humanitarios ) y los Mejía Corredor ( excesivos, arrolladores, desquiciados, ricos, soberbios, clasistas, arrogantes ) simbolizan esas dos Españas que se afanan con hacerse con una esbelta casa familiar, La Casa de los Cristales, que quizás simplemente encierre al pueblo español, corriente y moliente, antaño, además, devoto y lujurioso sin contradicción, de cuyas debilidades y equivocada educación intentan aprovecharse los capitanes de esas dos Españas. Esta novela de José Luis Paniagua nos hace recordar inevitablemente la gran novelería del elegante y liberal Eça de Queiroz, quizás el mejor novelista de la Península Ibérica del siglo XIX, tanto por su penetración psicológica en los personajes como por una pátina de melancolía que envuelve aquella sociedad patriarcal, de amos y criados leales, que aunque aborrecible políticamente hablando para ambos escritores, contenía, empero, cierta ética que garantizaba compromisos interpersonales y algunos otros valores de humanidad — los propios de la auténtica hidalguía – que la modernidad de la cruda barbarie capitalista ha arrasado. Así la novela de José Luis Paniagua es también una novela sobre los últimos hidalgos españoles.

El inmenso amor de Francisco y Elisa, representantes cada uno de las dos Españas que se miran con odio ancestral y absurdo, son el gran contrapunto en el sentido histórico de una novela que, además de histórica, es también una gran novela de amor.

Gran novela ésta de José Luis Paniagua Tébar, que ningún lector amante de las novelas de época y de la historia española decimonónica se puede perder. Una novela de la que se ha de hablar durante mucho tiempo.”

Martín Miguel Rubio Esteban (El Imparcial)

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